La felicidad es…

Cuando era pequeña había una colección de cromos que se llamaba Love is. Era ñoña a más no poder. Había un chico y una chica hermafroditas (suponemos que eran chico y chica porque ella llevaba pelo largo y pestañas rizadas y él el pelo corto, pero en muchos de los cromos estaban en bolas y no tenían atributos sexuales de ningún tipo, una cosa rarísima) que nos presentaban las mil y una formas que tiene el amor…
mariachiMe he acordado de la colección de cromos de marras porque ayer presencié un momento de felicidad absoluta de mis retoños, que nos provocó al padre de las criaturas y a mí a nuestra vez un momento de felicidad… antesala de lo que será la semana que viene, ou yea.
Se van de campamento y tienen que llevar disfraces para una fiesta. Es la tercera vez que van al mismo campamento. La mayoría de monitores serán los mismos que los otros años y van, literalmente, flipados. Que si buscar wiwichus, que si la fiesta del duende, que si canciones que les cambiamos la letra… lo que viene siendo un campamento de toda la vida, pero que repites cada año con la misma gente y que mola mil. Pues eso.
A lo que iba, tienen que llevar disfraces. Y como somos unos gañanes y lo dejamos todo para última hora, pues ayer salimos pitando a por los disfraces… teniendo en cuenta varias premisas: que a mis niños no les gusta disfrazarse de lo típico, o sea, nada de payasos, nada de princesas, nada de vaqueros ni de indios… Íbamos en el coche pensando que estaría guay encontrar un disfraz de Willy Wonka o de Umpa Lumpas, no os digo más. El caso es que llegamos a la tienda y la niña lo tiene claro desde el principio: animadora, con su vestidito, sus pompones y su peluca rosa. Pero el niño… el de gángster es demasiado caro, el de Michael Jackson no lo hay en talla de niño, de romano no le mola, de vikingo tampoco… y le digo, a ver T, tu hermana va de animadora, ¿por qué no vas tú de jugador de fútbol americano? El traje es una camiseta y un pantalón con imitación de músculos que cuando le ví salir del probador casi muero de la risa… Pero él no estaba nada convencido… Seguimos repasando disfraces y ve uno de mariachi. Le digo, con ese vas a pasar muchísimo calor, pero dice que se lo quiere probar.
Se lo prueba. Pantalón. Camisa (sin mangas), que, según se la pone y se ve en el espejo dice “parezco Chuck Norris” (Dios, estos niños, dónde oirán esas cosas)… la chaqueta… fajín, corbata y, finalmente el sombrero. Se mira, se remira. Da grititos de felicidad absoluta.
Sale, nos hace pasarela. Las de la tienda le alaban lo guapo que está y nosotros nos tronchamos. Entra en el probador a ponerse su ropa y le oímos: ¡Me encanta! ¡Me ENCANTA!

¿Que qué es la felicidad?

Pues eso, está claro…

Y la semana sin niños por delante que nos espera también, claro 🙂

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