Maripuchi y su MundoUn blog personal de Cristina Juesas

2 La valla de la vergüenza

Los que me conocéis, sabéis que no soy muy amiga de la iglesia. Al menos, de la grande, de la que (parece) que ni siente ni padece, de la que niega las evidencias y de la que vive de espaldas al mundo.

Hay, sin embargo, otra iglesia católica: esa denostada por los poderes vaticanos, la que trabaja en rincones del planeta que muchos no nos atreveríamos a pisar, la que se juega su vida por ayudar a los demás.

Mi amigo Dani, que es jesuíta, nos deja una reflexión sobre la valla de la vergüenza (de la muerte, dicen otros). Las fotos son suyas.

2 comentarios »

  1. Información Bitacoras.com…

    Valora en Bitacoras.com: Los que me conocéis, sabéis que no soy muy amiga de la iglesia. Al menos, de la grande, de la que (parece) que ni siente ni padece, de la que niega las evidencias y de la que vive de espaldas al mundo. Hay, sin embargo, otra …

  2. La invitación a la reflexión, así como las fotografías en sí, las agradezco. Sin embargo, también comparto memorias desde mi infancia de Ceuta, de Benzú, del Monte Hacho, de la Plaza de África… Y más recientes, que reflejan lo mismo que, por ejemplo, se observa – ahora que estoy a este lado del gran charco – en una valla similar que se erige, por razones similares, para flanquear al Río Grande.

    Curiosamente, también en ambos casos, se esgrime la muerte, tanto a favor como en contra de lo mismo: la valla.

    Y en ambos casos, hay mucho más de qué hablar, que sólo de las criaturas que huyen, por lo general, de la misma miseria. En ambos casos, esa valla también pretende – lo que no quiere decir que necesariamente logra – evitar un tráfico tan criminal como organizado, de los pescadores en aguas turbias de siempre, y que como siempre se cobra las vidas de los mismos siempre, también.

    A lo que voy: la dimensión humana es, sin duda, tremenda. Pero también lo es, o mejor dicho: su ausencia, en la actitud gubernamental que prefiere callarse, mirar a otro lado, ignorarlo, pasar de puntillas, y agradecer con la boca chica que su antecesor haya hecho el trabajo políticamente sucio de erigir esas mismas vallas.

    Porque al igual que ocurre con esa otra manifestación de la miseria, frente a las costas yemeníes y somalíes, resulta más cómodo pagar el rescate de turno, que acometer una operación de fondo y a plazo para paliar la presión incesante de la miseria.

    Vamos, que no hay valla que valga la vergüenza que pretende ocultar.

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